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viernes, 8 de abril de 2011

Las sombras de la ciudad VIII


VIII

Al llegar las marcas de la llegada estaban bastante claras, un frenazo y marcas de derrape, llegó con prisas. Mire al teja y vi que no era mi opción más segura, pero una de las ventanas del segundo piso me abrió la nueva ruta. Escale y entre por la ventana, era una de las salas que había visto en mi anterior visita, sabia donde ir y como encontrarle, pero esta vez se iba a enterar de con quien jugaba.

Me escondí en las escaleras, pegado al muro, y analicé la situación. Al parecer había habido reformas. El piso de la tarima ahora estaba distribuido de forma diferente.

Habían colocado la tarima junto a la pared y habían puesto un trono encima y detrás un toro de Osborne robado, de los de las carreteras. En el centro de la sala ahora había una mesa muy grande donde habían montado un laboratorio de drogas, pero estaba vacío, debieron ir todos a la discoteca. 

En el trono el toro estaba sentado y parecía muy seguro de si mismo, tanto que me pareció que guardaba un as en la manga y no sabia cual. 

Busqué a Lucia pero no estaba por ningún lado y me preocupaba bastante. Finalmente El toro habló.

-Se que estas ahí sal de una vez.-Su voz grave hacía que los instrumentos de vidrio de la mesa vibraran. 

Comencé a caminar y entre al centro de su particular sala del trono, dejando la mesa entre él y yo.

-¿Dónde está?-Dije
-sabes porque no te he dejado que entraras por donde la otra vez.
-yo no quise entrar por ahí, use una ventana que…
-Estaba abierta en el segundo piso, que yo mismo abrí.-
-Y entonces porque no me has dejado según tu.
-Porque no quería que vieras tu sorpresa antes de tiempo-y señalo hacia el techo.
Allí colgada de una cuerdas pendía el cuerpo de Lucia sin moverse, como si se tratara de un macabro maniquí.

Mi ira crecía y tenía ganas de liberarla allí mismo. Me lancé hasta el toro saltando desde la mesa pero de un puñetazo me hizo chocar contra el suelo y sentí que mi herida se volvía a abrir. 

-Esta vez no te lo voy a poner tan fácil. ¿Sabes?

Corrí de nuevo e intenté encajarle algún golpe pero ninguno atinaba a darle, todos los esquivaba o paraba sin problemas, parecía invencible, asique habría que tomárselo mas en serio. Se levante y se puso entre la mesa y su trono para pelar en serio.

Esta vez no corrí, me acerque y comencé a lanzar directos y esquivar o desviar sus golpes, el ritmo era frenético y no estaba en forma como para durar demasiado asique necesitaba algo que me diera ventaja y lo más cera era la mesa. Esquive un par de directo hacia mi cabeza, me agache, le barrí una pierna y pude continuar con mi plan.
Me escabullí y me acerque a la mesa. Le lancé un vaso a la cabeza y se protegió con los brazos, detrás me lancé yo y le embestí con todas mis fuerzas. Me choque con esa pared de ladrillos vestida como un toro y cayó al suelo dándose en la cabeza con el borde de su tarima y perdiendo el sentido. Por suerte funciono, pero no me sentía a gusto con mi victoria. Después corrí al tejado y subí el cuerpo de lucia. Al desatarla me esperaba lo peor posible, pero mis miedos se disiparon al ver que respiraba, que solo estaba inconsciente. La baje del tejado y la cargué a mis espalda. Durante el camino a su casa no se despertó pero en mi cabeza el recuerdo de lo que sentí antes de ver que vivía, cuando pensé quela había perdido, no me lo podía perdonar, como me podía perdonar que saliera herida de este asunto. La subí a su cuarto, aun no habían llegado sus padres, después la metí en la cama y le dejé una nota. Salí de su casa como había entrado el primer día, de la misma forma que nunca debí haberlo hecho, a donde jamás volvería a entrar.

viernes, 1 de abril de 2011

Las sombras de la ciudad VII


VII


Algo, que intuí era una furgoneta con una forma muy muy extraña, atravesó la puerta delantera y arrolló a varias personas que no consiguieron echarse a un lado a tiempo. Cuando el polvo se asentó por fin vi que lo que había atravesado la pared era una furgoneta negra que llevaba en el frontal un armazón de acera soldado imitando a unos cuernos de toro.  El lateral de la furgoneta se deslizo abriendo la puerta lateral por la que aparecieron unos cuantos hombres vestidos de negro con cascos imitando cuernos de toro, y detrás de todos el mastodonte conocido como “El toro” vestido de licra negra y con el casco con cuernos pero estos aun más grandes que los de los secuaces. 

No pude verme la cara, pero seguro que en ese momento tendría la misma que la de todo el local, perplejidad absoluta. Primera la gente se río de ellos, pero en cuanto los secuaces dispararon, la gente pareció entender el mensaje. Esto es en serio.

Mire a mi alrededor e intenté ver por donde salir, cambiarme y actuar, pero me cruce con la cara de Lucia que con los ojos me suplicaba que me quedara con ella, que estaba aterrorizada. A regañadientes me quede, pero lo que iba a pasar después sí que me pareció surrealista.

Mientras “el toro” gritaba tonterías sobre que se iba a quedar con la ciudad y que ahora le tomarían en serio la cristalera del tejado saltó por los aires, yo cogí a lucia y la cubrí con mi cuerpo y aproveche la situación para saltar la barra y esconderla allí fuera del peligro. La dije que se quedará allí y que no saliera por nada del mundo hasta que yo volviera a por ella. 

Mire por encima de la barra y por el hueco que daba a los pisos superiores aparecieron tres cuerdas por las que aparecieron tres personajes de lo mas extraños, uno iba de amarillo y Rojo chillón, otro vestido como de soldado con boina y por ultimo una mujer vestida con una especie de bañador de una pieza y capa. Totalmente ridículos.
Empezaron a decir

-Somos la liga anticrimen y venimos a detenerte malhechor.-Dijo el tipo de colores chillones.
El toro se rió en su cara y les pregunto que quien leches eran ellos.
-Yo soy Loro salvaje, el es el sargento anticrimen y ella la dama negra.
Las risas de los secuaces fueron más que sonoras y con razón. 

Yo mientras conseguí salir por detrás de todos hasta la parte de atrás de edificio, y vi las cuerdas que habían usado los tres pintamonas para subir al tejado, subí yo también y me cambié, luego entre a la sala del dueño donde estaba escondido bajo la mesa. Cogí una de las cuerdas de dentro y vi como abajo los tres locos se enfrentaban a los secuaces y he decir que tenían estilo y sabían lo que hacían pero para acabar con uno tardaban demasiado por hacer posturitas o invocar sus técnicas de superhéroe, véase “picotazo de loro”, “puñetazo anticrimen” o “patada negra”.

Espere algún momento con menos tensión para aparecer pero los acontecimientos me obligaron a bajar antes de lo previsto. Uno de los secuaces tenía a alguien agarrado como rehén del pelo, Lucia, y la arrastraba hasta la furgoneta. Me enganche como pude y me deje caer quemándome los guantes y parte de las palmas de las manos. Al caer el silencio inundó la sala y podía ver el terror en los ojos de los secuaces que tenía cerca, sabían de lo que era capaz. 

El jefe les mando atacarme y corrió a la furgoneta. Empecé a quitármelos de encima de tres en tres, cogía al primero, esquivé su ataque, le partí el brazo y le lancé a los otros dos, estos le pararon y antes de poder buscarme ya estaba volando hacia su cabeza y dejándoles inconscientes en el suelo. El ritmo fue frenético, ni siquiera pensé lo que hacer me dejaba llevar por mis instintos y camine en línea recta hasta la furgoneta, sin impórtame el daño que causaba ni cuanto les doliera. Antes de poder llegar me agarraron dos por la espalda y le dieron tiempo al jefe ea escapar en su trasto. 

Fui a liberarme de los atacantes pero otro secuaz me sorprendió por delante y me dio un directo al estomago que me dejo sin respiración, después otro a la cara, estaba casi inconsciente, pero me sujetaban para tener a tiro, después una patada al costado que juraría que me rompió alguna costilla y finalmente me iban a quitar la máscara. Antes de que pudieran quitármela como tres rayos aparecieron los tres locos de los disfraces chillones y se encargaron de los tres atacantes. Caí al suelo y respiré como pude, el dolo del costado parecía disminuir y no parecía roto nada. Cuando pude levantarme los tres héroes estaban atando con presillas de plástico a los secuaces y poniéndoles contra una pared. En un momento dado mire al loro y nos cruzamos la vista, con un leve asentimiento deje ver mi gratitud y sin mas palabra salí corriendo, No hacían falta palabras sabíamos que nos veríamos y que ajustaríamos cuentas algún día. 

La carrera no duró mucho ya que la furgoneta había desaparecido de la vista y no me iba a parar a preguntar a los jóvenes de por allí. Pero mi respuesta llego en forma de moto y mi camino por las sirenas de la policía. Cogí la moto y como pude la manejé. No tenía carnet pero había leído como hacerlo, claro que de la teoría a la práctica hay un gran trecho que no se salva así como así. 

Finalmente dominé las marchas y aceleré hasta ponerme a la altura de un coche de policía que iba con sirenas y mucha prisa. Al llegar a su lado los dos ocupantes se fijaron en mí, me acerque por la derecha y el copiloto abrió la ventanilla.

-¿Pero dónde vas?-dijo bastante preocupado, luego me miró bien y me reconoció, su cara paso a ser dura y seria, casi de enfado.-Oye chaval es nuestro curro, vete a casa y deja que hagamos lo que tenemos que hacer.

Le fulminé con la mirada y tragó saliva. 

-Si hubierais hecho vuestro trabajo bien desde el principio hoy no tendría que hacerlo por vosotros.

Pise a fondo y desaparecí entre los coches que circulaban por la ciudad, finalmente sin saber dónde ir, recordé donde había estado ese sitio antes, sabía que no era muy listo asique era mi primera y mejor opción. Por suerte acerté pero no sabía lo que me esperaba.

viernes, 25 de marzo de 2011

Las sombras de la ciudad VI





VI

Llegué a la verja pero esta vez me tuve que esconder nada más llegar, en ese momento salían de la casa los padres de Lucía, un señor de estatura media, medio calvo y algo rellenito y una mujer casi tan alta como él y de pelo largo, rizado y moreno. Salieron de la casa y se montaron en el coche que había en la entrada de la casa. Cuando se alejaron y vi que no me podían ver. Entre rápido antes de que la verja automática se cerrara.
Subí de nuevo por la cañería y en la habitación estaba lucia en la cama tumbada con música puesta a todo volumen.

Golpee en la ventana, pero la música no la dejaba oírme, golpee más fuerte y seguía sin oírme. Me quedé un minuto colgad durante el cual me pregunte si de verdad merecía la pena, finalmente la canción termino y golpee de nuevo la ventana.

 Lucía se asusto y al verme se acerco a la ventana y me abrió. Salte dentro y se volvió a acercar a mi corriendo pero esta vez en lugar de darme un bofetón me abrazó. 

-Sabía que volverías
-Tenía que asegurarme que estabas bien.
-Ahora ya lo estoy.
Entonces me miró a los ojos, subió su mano e intentó quitarme la máscara, pero la pare a tiempo.
-Necesito verte.
-¿si no te gusta quien soy debajo?
-Solo hay una manera de saberlo.
Aflojé mi mano y me quitó la máscara, se acercó a mí y me beso profunda y lentamente.
-Así me gustas más.
Volví a besarla y esta vez me llevó a la cama y se tumbó sobre mí. Se apoyó en mi herida y me di un pequeño grito de dolor. Se apartó de golpe y me miró asustada.
-Tranquila, es que tengo una pequeña herida.
-Déjame ver.-Me levanto la camiseta y me vio la herida suturada y la gasa.-Dios, es enorme ¿Que te pasó?
-Me dispararon.-Se llevó las manos a la boca y me miró con terror en los ojos.- Tranquila solo fue superficial, un rasguño, nada más.
-¿Por qué haces esto? Te arriesgas sin motivo
-Si tengo un motivo, estaba harto de ver como esta ciudad se consumía en la locura, las drogas y el crimen.
- Solo espero que no te pase nada.
Se apoyó en mi y se quedó tumbada sombre mi pecho.
-Oye ¿y si salimos?
-¿Cómo una pareja quieres decir?
-Bueno, me refería a salir a la calle, pero eso también me parece bien.
-Tengo que salir por si hago falta, esto es a jornada completa.
-Por favor, además con eso así no creo que sirvas de mucho.
Dude pero acepte y quede en que volvería en media hora vestido de calle.

Antes de salir me dio otro beso y salte por la ventana de vuelta a casa.

De camino muchas ideas se me pasaban por la cabeza, ella, el disfraz, “los toros”,… demasiados líos para una sola persona, pero yo había elegido ese camino.

Me cambié de ropa dejando las protecciones pero llevaba el traje debajo. Encima me puse una camisa negra y debajo unos vaqueros azules. No llevaba mi equipo, ni el cinturón ni las botas, en cambio me puse unas playeras negras y llevaba la cuerda escondida en el abrigo. 

El camino de vuelta a casa de Lucia se me hizo extraño, iba normal y además no me tenía que esconder, fue extraño pero agradable.

Al llegar pensé en saltar pero llame al telefonillo y esperé a que bajara.
Cuando abrió la puerta principal me quede perplejo, a través de ella acababa de aparecer un ángel. Llevaba un vestido azul precioso que le dejaba al aire los hombros sobre los cuales caían sus preciosos rizos dorados. La escena fue impactante y al acercarse fue aun mejor, su preciosa cara y sus ojos azules brillaban con las luces y la luna. Le acaricié y noté que no tenía maquillaje, era así de verdad. 

Cuando por fin volví a mi ser cerramos la puerta de la verja y comenzamos a andar. Antes de que pudiera decir nada comenzó a hablar. 

-Te parece si vamos a la discoteca la “Rosa negra”, está cerca y suele ser tranquila.
Tranquila es, está en el lado de mi zona, pero cerca de la de los toros, no es un sitio muy concurrido, es casi una discoteca de pijos y gente tranquila ya que allí el control de drogas es mayor que en los otros locales y dentro apenas encuentras líos. Había vigilado el local y lo tenía controlado.

 La verdad que era muy impresionante. Está colocado en frente de un parque donde suelen beber los jóvenes antes de entrar a bailar. La entrada estaba vigilada por dos maromos y la única entrada, aparte de esta, es la salida de emergencia que estaba conectada a la alarma de incendios. El interior es espacioso, una gran sala de baile en el centro con una barra a cada lado y en la fachada frontal se colocan los Dj’s y las gogos. Encima hay dos pisos con las zonas vips que dan a la pista central y arriba del todo una cúpula de cristal que daba al despacho del dueño. Realmente ostentoso. 

Pasamos la entrada sin problemas y nos adentramos en el ruido ensordecedor que a mí personalmente me desorienta. 

Al entrar me arrastro a la zona de baile y nos movimos durante un rato, no cuanto ya que perdí la noción del tiempo entre la música y el ensimismamiento que tenía con esa preciosa mujer que bailaba junto a mí.

Después de bailar una canción lenta y tener que echar a un tío que se había intentado agarrar a Lucia nos acercamos a la barra a tomar algo y descansar. La música cambió de nuevo y el ritmo se volvió frenético, casi estridente. 

La charla ligera con Lucía me despejo y me hizo olvidarme de mis preocupaciones, me conto cosas sobre ella, estudia y tocaba el violín. Por supuesto no tenía novio y aunque salía a veces no bebe ni fuma. 

La música, el ambiente y la compañía hacían que la noche mereciera la pena. Todo iba a la perfección pero siempre tiene que haber algo que lo fastidie, como la frase “hace un día maravilloso, veras como viene alguien y te lo jode” pues algo así pasó.

viernes, 18 de marzo de 2011

Las sombras de la ciudad V


V

Por unos momentos pensé que la cuerda se había soltado y que caía a plomo contra el suelo pero el  tirón me colocó en posición balanceándome directo al tipo del revólver.
 Pasé el pié izquierdo por la derecha de la cabeza del rehén hacia la cara del secuestrador, sonó un disparo y cayó al suelo inconsciente. Corrí al joven y vi que estaba bien. Luego note como entró alguien por la puerta de la habitación pistola en mano, me fui hacia su derecha, con mi mano derecha agarré la mano de la pistola y metí el dedo entre el gatillo y la culata para que no disparará, después puse mi antebrazo izquierdo en su su codo por dentro y le doble el brazo hacia arriba, le di un rodillazo en el estomago y le quité la pistola tirándola lejos. Al fondo a través de la puerta se oían gritos y pasos, otros dos tipos subían por la escalera que iba pegada a las paredes dejando un gran hueco en el centro. Justo al llegar al tramo frente a la zona donde yo estaba salté y se giraron a tiempo de verme caer sobre ellos y rematarles con un par de golpes en la cabeza. Me levante y subí las escaleras a la habitación de donde había saltado.

AL llegar al quicio de la puerta vi al secuestrador del revolver se había levantado y había recogido su pistola, al verme en la puerta empezó a disparar, me cubrí con la pared que daba al pasillo a la derecha de la puerta. Disparó todas las balas y cuando oí en sonido del gatillo sin disparo salí de la protección. 

Caminé lentamente hacía el hombre. Aterrorizado se echaba cada vez más atrás hacia la barandilla de la ventana, al llegar hasta el balcón se engancho con la cuerda que usé para bajar.

-Puto loco te mataré.- Sacó una navaja y la meneaba intentando asustarme.
A apenas un metro de él dije.
-No soy un puto loco soy…- Entonces recordé, la sombra y recordé al chino que decía “entro como una sombra”.
-Soy la sombra.

Le agarré el brazo con la mano izquierda, le giré el brazo hacia fuera doblándoselo por el codo, dejando su pecho al descubierto y le lancé una patada con todas mis fuerzas.
Salió volando por la ventana cayendo hacia el suelo, a mitad de camino al asfalto la cuerda se tensó y entonces un ruido brusco de madera rota inundó la habitación mientras el secuestrado cayo a plomo sobre un coche de policía. Entonces vi la oportunidad de la foto que sabia iba a ser portada. Me puse de pie en la barandilla de la ventana, iluminado por los focos y la luz del fuego y haciendo contraste con la luz de la habitación recortando mi silueta perfectamente sobre el edificio que hace menos de unos minutos estaba secuestrado. 

Una vez vi los flases, salí corriendo hacia la trampilla del techo, corrí por los tejados varias calles y bajé por las terrazas de un edificio más moderno hasta el suelo y de allí corriendo de nuevo a mi casa. 

El camino fue más duro de lo habitual, no sabía por qué, pero poco a poco tenía más frio y me costaba más seguir adelante. 

Al llegar al árbol bajo mi casa el agotamiento era superior a mí, apenas llegué al árbol me paré en seco, me sujete e intente recuperarme. Cuando parecía que volvía a respirar normal intente subir pero el fuerte dolor en el costado me bloqueo por completo y me hizo caer de espaldas en el jardín. 

Me toque donde dolía y vi el porqué de todo lo el cansancio y el dolor, tenia un corte, un gran corte de unos 8 o 9 centímetros bastante profundo, pero los bordes estaban quemados. Había sido la pistola del secuestrador. Por suerte no se me dio de lleno sino que me rozó, y aun doy a gracias a los que fuera que me impidió que me diera de lleno.
La situación era muy mala, realmente mala, había perdido muchísima sangre, tenía la ropa empapada y goteaba, además estaba en medio de un jardín a pocas horas de que amaneciera. 

No podía moverme y apenas podía respirar, la vista se me nublaba y solo podía ver el árbol desapareciendo poco a poco y entonces todo se volvió negro.

Dentro de la oscuridad oía varios ruidos además me levantaron, baje a algo blando y sentí algo mojado que me despertó.

Me asuste cuando creí que estaba en el hospital y no sentía la máscara en la cara, me habrían pillado y estaría en el hospital donde me reconocerían y avisarían a mis padres y por fin sabrían quien es en realidad la sombra, ahora que por fin tenía nombre. Me levante corriendo de un movimiento brusco y me agazapé hacia atrás, por fin la habitación apareció, demasiado luminosa para mis ojos en ese momento, me tapé la cara con las manos y espere a acomodar la vista.

Cuando al fin veía con normalidad me di cuenta de que no era un hospital, era una casa y estaba tumbado en el sofá tapado con mantas. Me palpé la herida y note los puntos de sutura y la gasa perfectamente colocada. 

Al fondo de la sala en una mesa una niña pequeña de unos 7 años desayunaba un gran tazón de cereales. ¿Estaba muerto o alucinando? Parecía demasiado real.

-¿Quién eres? - le dije
-María.
-Y ¿Estás sola en casa?
-No, papa está aquí también.
Antes de preguntar una voz bastante grave atravesó el pasillo con acento del este de Europa.
-Deja de hablar y termina de desayunar que vamos a llegar tarde.
Mientras decía eso su voz se acercaba y apreció por la puerta de la izquierda que supuse daba al pasillo, un hombre de unos 40 y pocos años vestido con un jersey y vaqueros. 

-¿Cómo estás?-Me dijo
-Bi…bien pero…
-No te preocupes no diremos nada, verdad cariño-Le dijo a la niña- Es un secreto y no se lo puedes decir a nadie ¿vale?- Esta asintió y sonrió a su padre antes de tomar otra cucharada de cereales.
-yo te conozco, eres el portero de mi edificio.
-ajá.
-¿Pero quién me curó? ¿Sabe alguien más quién soy?
-No, tranquilo, yo te curé. Soy médico sabes, Doctor en medicina. Pero claro no aquí si no en mi país.
-Ahm. ¿Y por qué no me dejaste ahí? ¿Y por qué no me delatas? Podrías ganar mucho dinero.
-Estoy bien con el dinero que gano, además si lo hago es por ella,-Señalo a la niña.-Tú estás haciendo algo que aun nadie se ha atrevido a hacer, estas cambiando las cosas, ¿sabes? Quiero que pueda vivir en un mundo donde no corra peligro y tú eres el único que lo puede hacer. No creas que es por ti o por tu idea, es por ella.
-¿En serio crees que estoy haciendo algo bien?-Me senté en el sofá de nuevo con la cabeza baja- En estos meses lo único que he conseguido es que casi me maten un par de veces y casi nadie me toma en serio.
-La gente te necesita y quiere a alguien como tú. Pero necesitan algo mas grande, pero, eso ya lo has conseguido.-Señalo un periódico que había sobre la mesa y se fue a la cocina.

En la portada una gran imagen del edificio de la noche anterior coronada con un titular con letras bien grandes. “El héroe de la ciudad”. Me quede mirándome fijamente en la ventana del edificio, me quede en blanco, tanto que ni vi que la niña se había levantado y se había preparado para salir por la puerta con su padre de la mano. 

-Eh, cuando salgas cierra la puerta y procura no volver a salir herido, aunque si te pasa algo ven a verme de nuevo.

Salió por la puerta y cerro. Yo me quede pensando un rato en cómo había llegado a donde estaba y por ahora todo me encantaba. Me vestí y salí al pasillo, estaba en la planta baja de mi edificio, asique subí a mi casa y entre sin hacer ruido, por suerte no se había levantado nadie aun asique me escabullí en la cama y quede un rato tumbado mirando el techo. 

Esa noche no tenía muy claro que hacer, salir a buscar a alguien, ir a ver a como seguía Lucia, colarme en la comisaria o quedarme en casita. Pero, la tentación de la noche es grande. Como debía descansar decidí hacer lo más tranquilo, visitar a la dama.

viernes, 11 de marzo de 2011

Las sombras de la ciudad IV



 
IV


 De las dos chicas que entraron al almacén de los toros solo pude sacar a una. La otra,  Lucia,  la deje porque creí que no podía hacer nada por ella, pero en realidad seguía viva y aparentemente su estado físico era bueno. No tenía más que magulladuras y algúnos moratones, el problema era el daño psicológico y ahí es donde yo quería ayudar. 

No fue difícil encontrar su casa, estaba en las redes sociales y además la seguí una tarde que tenía libre. Vivía en un chalet en la zona de viviendas bastante lejos de mi casa, cosa que agradecí. Como no quería aparecer por allí muy tarde esa noche dije que me iba a dormir pronto y en cuanto apagaron las luces salí de nuevo con mi método habitual. Caminé ocultándome como siempre pero los viernes mi zona está tranquila y la gente se va pronto a dormir. Después de pasar a un grupo de chavales que volvían a casa del cine, por lo que les pude oír, llegué hasta la entrada del chalet. 

La construcción consistía en una pequeña parcela con un patio delantero y la entrada del garaje. El edificio conectaba directamente con los de los lados para ahorrar espacio asique no podía acceder desde atrás. Esas casas tienen dos pisos, el bajo y la primera planta, pero tan solo el piso superior estaba encendido y para mi fortuna la chica en cuestión se asomo por la ventana durante un instante, pero no me vio. 

Salté la primera verja y espere ver algún perro o alarma pero no oí nada. Una vez dentro escale la pared por el tubo de la canalización y apoyándome en las rejas de las ventanas. Al llegar a la ventana en de la chica me asome poco a poco y la vi sentada en el borde de la cama con todas las luces encendidas mirando al infinito. De pronto entró su padre y con aspavientos y gritos la ordenó apagar la luz e irse a dormir. 

Aunque no la veía sabía que no había hecho más que apagar la luz asique aproveché e hice algunos ruidos para que se acercará a la ventana, se levantó y al asomarse vio como una figura negra pendía de la canalización de su casa. Evidentemente se asusto y salió corriendo a encender la luz. Entonces se dio cuenta de quien era y por extraño que parezca se tranquilizó e incluso me pareció ver una leve sonrisa en su cara. 

Abrió la ventana y se echó atrás para dejarme espacio, entré y me puse de pie de espaldas a la ventana. Se acercó a mí y antes de que reaccionara me soltó una guantazo con todas sus fuerzas.
-Me dejaste tirada.-Dijo entre lágrimas.
-Cre...Creía que no había nada que hacer por…- Dije susurrando y con mi voz
-Ni siquiera lo comprobaste. ¿Y si hubiera necesitado algo urgente como el boca a boca o algo así?.-se ruborizó.
-Lo…lo siento yo...Por eso estoy aquí, necesitaba pedirte perdón y asegurarme de que estas bien.
Se dio la vuelta y se sentó en la cama.
-Estoy bien pero aun veo la cara de loco de ese tío y el dolor me vuelve…
Se puso a llorar, me acerqué y la pasé el brazo por encima sentándome a su lado.
-Pagará.
-¿Le vas a matar?
-No, pero le atraparé.
-Quiero que le mates.
Le miré fijamente y se encogió de nuevo
-Estoy seguro de que el también quería matarte  a ti  pero no lo hizo, se lo daremos como agradecimiento por no hacerlo.
Me levanté y fui a salir por la ventana pero antes de llegar me agarró la mano.
-¿Cuándo te volveré a ver?
-Así de cerca. Nunca
-Entonces puedo hacerte un par de preguntas antes.
Por un momento lo dudé. ¿Qué quería exactamente saber de mi? Tendría que responder con precaución.
-Dispara.
-Seguro que a quién eres no responderás, pero ¿Cuántos años tienes?
-¿Crees que te voy a dar pistas sobre quien hay debajo?
-¿Por qué no?
- Porque yo soy yo, yo soy esta mascara, el de debajo no podría haber hecho esto nunca. Soy un símbolo y un símbolo no tiene edad.
-Y ¿qué eres como símbolo?
-No lo sé, aun no lo he pensado.
Se rió.
-¿Qué te hace tanta gracia?
-Que eres un símbolo sin símbolo, Yo he estado pensando y creo que te pega “La sombra”.
-¿La sombra?
-Si lo oí de…
Los pasos del padre resonaban en el pasillo asique corrí a la ventana,salté, caí al suelo y rodé, pero de fondo oí la voz de la chica preguntando cuando iba a volver. Me giré y no respondí, pero volvería a verla tarde o temprano. No sabía por que pero necesitaba verla. Salté la verja y corrí calle abajo. 

Volví cerca de la frontera con “los Toros” para vigilar un poco el movimiento de esa noche. 

 Las calles estaban más tranquilas de lo habitual y no sabía por qué. Pero siempre hay algo que hacer.

 Un coche de policía pasó a toda prisa por la carretera dirección norte, corrí detrás de ellos y llegué poco después de ellos casi sin respiración, pero al llegar vi que había algo que me requería urgentemente.

En uno de los edificios antiguos “okupados” se habían asediado unos hombres con armas y disparaban de vez en cuando por la ventana, o salían con un rehén y lo apuntaban. No parecía que tuvieran un plan, creo que simplemente decidieron divertirse y se les fue de las manos. Pensé como entrar, de frente evidentemente no, por escalando el frontal tardaría demasiado, entonces salió uno de los hombres a la ventana y gritó.
-Me da igual que todos estén acojonados por el hijoputa loco de negro, yo no le tengo miedo y quiero que le traigáis para que me le cargue.

Parecía que por fin me tomaban en serio y ahora tenía que demostrar de lo que era capaz.

La poli había puesto focos a los pies del edificio alumbraban las ventanas del edificio. En el suelo en la entrada había una fogata muy grande que alcanzaba el primer piso de altura y no parecía que fuera a apgarse pronto. Mi única opción era difícil pero no tenía otra. Debía subír al edificio de al lado que tenía la misma altura que el okupado. Me escabullí entre los coches y entre al portal que estaba abierto, subí corriendo al último piso y subí a la azotea por una pequeña escalerilla que daba a una trampilla. La abrí y vi un guardia que vigilaba los edificios. Aproveche un ruido en la parte delantera para acercarme por detrás, pasar mi brazo derecho bajo el suyo, y usé mi cadera para pasarlo por encima de mi y tirarle al suelo de espaldas. En el suelo le remate de un puñetazo en el estomago y descrgué su arma tirando el cargador por la parte trasera del edificio. Aquí venía la parte difícil, Entrar.

Pensé en la trampilla pero las voces del secuestrador me hicieron cambiar de plan. Decía que iba a contar hasta 30 y si “el chalado de negro” no aparecía le volaba los sesos al rehén, un joven de 20 tantos un poco fumado que seguramente viviría ahí. 

Se asomaba en el último piso, un tercero, cogí mi cuerda y con un disco lo até a la trampilla que pasaba justo por encima de esa habitación. Me coloqué con la cuerda estilo rapel y me lo pasé tras la espalda saque al cuerda suficiente y me coloqué en el borde pero sin salir de la cornisa. Entonces contaba 15, 14, 13, 12, 11,.. Y oí el sonido del percutor de su revólver, no lo pensé y salte con todas mis fuerzas hacía atrás.

viernes, 4 de marzo de 2011

Las sombras de la ciudad III



III

Las sirenas de la policía resonaban en el edificio. Intente oír pasos o gritos para ver por dónde venían, los localice y volví a mi escena, pero los guardia ya estaban casi fuera por la puerta opuesta a donde se oía a la policía.
Fui a coger a la chica, pero me rehuyó y agazapó en la esquina de la tarima.
-!!Déjame la poli me sacará de aquí, ¡¡No me hagas daño¡¡
Module la voz, como haría siempre que llevara el traje.
-La poli te detendrá durante horas, llamara a tus padres y obligará a decirles porque tu amiga está muerta en esa esquina- y señale el cuerpo de la joven que yacía unos metros más allá de nosotros.
-¿cómo sé que puedo confiar en ti?
-Me temo que no puedes saberlo, pero yo al menos no he salido corriendo sin ti. Aunque puedo hacerlo aun.
-Vale
Me la subí a la espalda y se agarró con las manos a mi cuello y los pies a mi cintura.
-No te sueltes y pase lo que pase no mires.
Salí corriendo hacia donde fue el jefe y atravesé la primera puerta del auditorio. De frente tenía unas escaleras y entremedias una puerta que daba fuera. La puerta. Al llegar a la mitad del camino entre la puerta de salida y por la que había entrado aparecieron frente a mi dos policías que me dieron el alto pistola en mano. Gire en seco y subí por debajo de la barandilla derecha a la escalera y subí a prisa hasta el primer piso. A la derecha y a la izquierda tenía pasillos que daban a más salas. De mi derecha salieron dos pandilleros disparando a diestro y siniestro. Corrí por la izquierda y llegué a una puerta cerrada, no sé porque los disparos cesaron enseguida, tampoco me interesaba en ese momento. Rompí la puerta de una patada y llegue a una habitación con muebles viejos. Miré por las ventanas y la policía corría de un lado a otro buscando gente que detener. Me gire sombre mí mismo y oía a la poli darme el alto desde el pasillo. Lancé la última bomba de humo hacía ellos y una densa nube cubrió todo el pasillo. Cogí carrerilla y lo atravesé barriendo a todo lo que hubiera por medio, no calcule y atravesé también la puerta de la sala del fondo del otro lado del pasillo, pero esta era más pequeña y solo tenía una ventana, los policías se levantaban y el humo se iba. Tenía una corazonada pero no estaba del todo convencido.
Corrí hacia la pared de la derecha y la embestí con todas mis fuerzas. Para mi sorpresa la atravesé como si nada, era una pared construida despues de la original con ladrillos finos, casi de mentira, habían tapiado el pasillo desde ese lado, supongo que al otro lado lo tapaban los muebles viejos.
Corrí por el pasillo pero al en la sala veía el brillo de varias linternas de la policía. Estaba rodeado por delante y por detrás. Solo me quedaba una cosa por hacer.
Me pegué a la pared derecha, recordé ala joven al notar el bulto y el quejido de apretón. Tenía unos 3 metros de carrera corta suficiente. Esprinte y en mi cabeza solo oí por un momento dos cosas, cristales rotos y un grito detrás de cabeza.
De pronto el suelo se vino contra mí e intente caer de pie, para amortiguar la fuerza principal y después de la inercia clave las rodillas y las manos en la arena humedecida y blanda del parque. Intente borrar mis huellas moviendo la tierra y salí corriendo casi 1 kilometro hasta que el subidón de adrenalina paró y recordé que llevaba una pasajera.
Frene en un parque oscuro muy tapado por los arboles y oí atentamente si las sirenas se acercaban. Pero no oí mas que el sollozo de la joven que permanecía acurrucada en el banco con los ojos abiertos y con atque de ansiedad.
Por fin habló y dijo.
-¡¡¡¡Chiflado!!!!
-De nada. ¿Sabe alguien que estabas con la otra chica?
-No, me escape sin que se enteraran mis padres.
-Pues vamos, te llevo a casa y te olvidas de todo lo que ha pasado esta noche.
-Puedo yo !gracias¡
Me di la vuelta y comencé a andar.
-Espera, ¿Quién eres?
Me giré y la miré por un momento, bajó la cabeza y aproveche para correr y esconderme en el coche más cercano. Espera a que se fuera y salí corriendo a casa, subí y volví a dormir pensando en todas las armas que casi me matan ese día.
La mañana siguiente me levante dolorido, la carrera con la chica a la espalda me dejo bastante dolorido, pero lo peor fue intentar andar, el pie me mataba, no estaba roto pero el esguince no me lo quitaba nadie. No creí necesario ir al médico, pero me vendé el pie e intente no usarlo demasiado. Como no trabajaba y aproveche para cogerme las vacaciones use la semana y media de reposo para seguir investigando y desarrollando materiales.
La siguiente semana aun estaba dolorido y lo pase sin hacer demasiadas salidas, casi todas de patrulla de emergencia y recopilación de información. Debía enterarme de quienes estaban al mando de la ciudad.
Por lo visto la zona norte pertenecía a la banda que había visitado en el almacén, un grupo de chavales que necesitaban cada uno a sus padres, había  gente de todas partes y todos parecían seguir al grandullón que dejé noqueado, pero su fama era digna de mención, un ex levantador de peso que decidió hacerse un grupo de amigos con mala leche y poco a poco acabo teniendo toda una zona de la ciudad para el solo. A estos los llame los Toros, aunque ellos no tenían nombre de grupo me pareció gracioso dado el mote de su líder.

Al Este de “Los toros” los chinos tienen su imperio comercial con tiendas, casas y todo un barrio donde el chino es la lengua oficial. “los toros” y estos andaban de broncas cada dos por tres porque algún chino había abierto una tienda mas allá de la frontera con los toros, mas conocida como la línea amarilla.
Pegados a los chinos por el sur y dominando la zona oesta y parte de la sur los Urban diablos se organizaban para tener el control de la zona de marcha y salidas nocturnas de toda la ciudad. Si querías bronca sus locales eran los favoritos, niñatos emporrados y empastillados hasta las cejas con música ratonera que te dejaba sordo y acababan dándose con algún otro descerebrado en las mismas circunstancias. Estos eran peligrosos de verdad, una verdadera mafia que se encarga de todo lo peor y más gordo de la ciudad, una presa demasiado grande para morder aún.
Y por último en la zona sur la policía se encargaba del pequeño trozo de las casa ricas del sur, donde ninguna banda había llegado aun, aunque sospechaba que todas las bandas tenían sus propios negocios con algún policía que daba el visto el bueno, especialmente a los diablos.
Por suerte el este de la ciudad estaba limpio, no había mas que casas y bares, no había nada que atrajera a las bandas asique permanecía en un precario equilibrio de poder entre la policía y la responsabilidad de los ciudadanos que vivimos ahí.
Cuando al final me organicé la ciudad supe que debía hacer , primero acabar con los toros, eran muchos, muy locos y mas organizados, pero necesitaba saber más del cabecilla y del tío que parecía que organizaba todo. Creo que en ese momento tuve la idea más loca de toda mi vida, un suicidio, colarme en la comisaría para sacar información de este tipo.
Toda una locura pero primero debía pedir perdón a alguien.

viernes, 25 de febrero de 2011

Las sombras de la ciudad II



II

Pocas horas después de acostarme sonó el despertador, lo apagué y me levanté para arreglarme. Al frotarme la cara nota un dolor en el ojo, corrí al espejo del baño y vi el ojo morado causado por el golpe de la noche anterior. Hurgué en los potingues de mi madre y me tapé la herida como pude. Tuve que buscarme una escusa para tanto golpe y arañazo si empezaba a traer “heridas de guerra”. 

Mientras desayunaba en la cocina puse la tele y comencé a hacer zapping de canal en canal buscando algo que ver. Una palabra y una imagen me hizo parar de golpe y casi atragantarme con la tostada. Una tienda de alimentación china donde a duras penas el dueño hablaba alguna palabra suelta de español con poca o nada coherencia. Dijo algo así como “ El hombre negro entra tienda como sombra, luego explota luz y pam (hizo un gesto de golpe en la cabeza) luego sale corriendo y cae al suelo. El otro hombre apunta pistola a la cabeza, mira a otro lado y le quitan pistola. Luego entra y dice con voz dura, usa esto para ventana, llama a la policía y di que me has…( se queda en blanco y el reportero le ayuda diciendo “ visto?”) si visto, ahora la ciudad mía”.
El reportero comenta lo que habían encontrado en la tienda, un disco de chapa hecho a mano con puntas metálicas pero sin filo y el video de seguridad, mierda la cámara, no pensé en eso, error fatal no pueden pillarme con cosas de novato. En el video apenas se me ve por la oscuridad y por la mala calidad de la cámara, el reportero decía que investigarían el video, no encontraron nada, y los discos, los trabaje con guantes y habían viajado tanto que dudo que supieran de donde era la chapa.

La respuesta de los medios no tardó en aparecer, salían los periodistas de turno diciendo que formaba parte de un grupo terrorista de élite de alguna república europea, que era un chiflado con traje y por suerte los periodistas de verdad me ponían altísimo, casi como un nuevo líder político y que necesitamos más gente como yo, aunque eso no salió bien.

La pandilla a la que pertenecían los tres matones estaba bastante cabreada, normal un único hombre contra tres y con pistola, hasta yo me cabrearía, pero lo peor fue el número de imitadores que intentaron seguir mi ejemplo. El problema fue que no estaban ni la mitad de preparados, ni tuvieron la suerte que yo, cada uno de esos chicos me pesa en la conciencia como si yo mismo les hubiera empujado a buscar e intentar pegar a esos grupos de matones. 

Decidí entonces que debía volverme más eficaz, mejores armas y mejor equipamiento.
En un par de noches tuve preparado los prototipos funcionales. Primero bombas de humo, receta casera con mecha rápida y en la punta una cabeza de cerilla, además en el cinturón puse unas cuantas bandas de cajas de cerillas para prenderlas rápidamente, las guardé en una bolsa de tela recubierta de plástico por dentro para evitar que la humedad o la lluvia las estropeara y las tiras de las cerillas iban tapadas con un trozo de tela que se levantaba por abajo por el mismo motivo. 

Pensando en mi protección diseñe casi una armadura completa pero por presupuesto y tiempo hice las partes esenciales, antebrazos, hombros, rodillas y espinillas, además incluí unos nudillos metálicos y placas de plancha en el dorso de la mano para protegerla. Todo ello en el interior del traje y con acolchado para no hacerme daño.
Cuando me coloqué todo el equipo vi que pesaba más de lo que esperaba pero no me molestaba en absoluto y podía moverme libremente amén de que me daba miedo a mi mismo verme tan grande, sería como si un piano les cayera encima.

Recuerdo que esa noche salí antes que la última vez, debía ser la 1 aproximadamente, no mire el reloj. No me preocupe por la gente ya que el tiempo no acompañaba, hacía frío, casi 0 grados y había nubes bajas pero no muy densas con lo que todo adquiría un extraño toque macabro y siniestro. 

Mi misión de ese día era asustar un poco a la panda que ha estado “encargándose” de mis imitadores, así que me dirigí al norte, cerca de mi antiguo instituto, allí hay un edificio abandonado que ellos mismos remodelaron y lo ocuparon para tener su centro de operaciones, por llamarlo de alguna manera, en realidad fumaban hierva y cosas peores y según oí hacían los rituales de iniciación, aunque no sé en qué consistían.
No necesité reconocer el terreno pues ya me lo sabía de memoria, había pasado por ese parque que estaba en la zona trasera y miles de veces y por la calle con verjas del aparte de delante otras tantas, tiene muros no muy altos pero con cristales pegados a modo de alambre de espino y por desgracia las ventanas más accesibles están enrejadas.  

De camino a me cruce con dos chicas que casi me ven, tendrían 16 años. La rubia y alta guiaba el ritmo, andaba segura y confiada, en cambio detrás de ella siguiendo el ritmo casi corriendo iba una morena de pelo corto y un poco más bajita que la otra. Corría detrás de ella y no paraba de mirar a un lado y a otro.
Las esquivé y me cole por un parque que estaba entre varios edificios, peligroso, pero era más rápido y así evitaba a las chicas.
Llegue al parque a tiempo para que una pareja que “intimaba acabaran y se fueran por el lado opuesto a donde yo estaba. A mi izquierda estaba el edificio, tal y como lo recordaba, escale por una de las vigas que sobresalían casi un metro y medio de la pared. Estaba en el primer piso, subí por la reja de una ventana y llegué al tejado, para mi alegre sorpresa una salida de aire de dimensiones considerables reinaba en el centro. Tenía forma de casa, base cuadrada y una pirámide de metal encima con rejillas en cada lado. Arranqué una a una todo un lateral con sumo cuidado y sigilo, y pude asomarme al fondo del edificio.

Daba a la planta baja debía ser el antiguo emplazamiento de las maquinas, ahora era como un altar, en el centro desde una tarima de madera un hombre de unos 30 años hablaba al grupo de gente que lo rodeaba mientras una chica estaba tirada en el suelo casi desnuda y sangrando. Reconocí esa melena rubia la había visto hace poco ese día.
La ira en mi interior crecía, me daban ganas de caer sobre ese tipo, con suerte mi peso mas el de las nuevas piezas quebraría su columna vertebral y le partiría el cuello. Me dominé, respire una bocanada del gélido aire de fuera y volví a centrarme en lo que pasaba.

Se llevaban a la joven a rastras como un perro, y unos gritos sobresalieron entre el murmullo de gente. La amiga había visto el cuerpo de la joven y sabía que ahora le tocaba a ella. La arrastraron al entro y la colocaron en la tarima, encerrada por la gente que se agrupaba al rededor. 

De pronto se abrió un pasillo entre la gente y apareció un tío enorme, un mastodonte de casi 150 kilos, musculado y vestido con un calzón de boxeo negro, la gente gritaba al unísono “toro”. No sabía que iba a pasar exactamente pero me temía una paliza seria. Había que actuar. Saltar era peligroso, me partiría una pierna si no las dos y no había nada a lo que agarrarme. Vamos a estrenar el equipo nuevo. 

Saque mi cuerda, que esperaba por Dios que aguantará mi peso, hice un nudo en las rejas y me lo até en el cinturón con un mosquetón para hacer rapel como los equipos de elite de policía y ejercito. Saque tres bombas de humo, respiré, las prendí y cayeron justo al rededor del “toro”. El humo se extendió sumamente rápido y la gente empezó a gritar y correr hacia la salida, pero el toro se quedó quieto esperando ver qué pasaba. Me deje caer lo más rápido y seguro que podía. Caí tras el toro, cubierto por completo por la densa nube de humo gris que tapaba cas metros de alto y casi la mitad de la sala de área. Estrene mis guantes en su cabeza, un éxito. La sala se vacío de gente a excepción de los guardias del cabecilla que tenía a mi espalda. La nube se desvaneció y ubiqué a todos los enemigos, incluido al jefe que se cayó de culo al verme aparecer de la nada. Sus guardias me apuntaron con sus pistolas, 9 milímetros. A esa distancia, sin cobertura y sobre la tarima, era imposible salir vivo. De nuevo la muerte vino a buscarme por mi exceso de confianza, debí pensar en ellos, en las armas y un plan de huida mejor, otro error que sumar a la larga lista de los que había cometido ya.
Vi mi única posibilidad, lanzarme a por el jefe y usarle de escudo, pero estaba tirado en el suelo paralizado. No tenía elección. Fui a colocar los pies para lanzarme pero un sonido nos devolvió a todos al mundo real.

viernes, 18 de febrero de 2011

Las sombras de la ciudad I

 
Las sombras de la ciudad


Cuando una idea se te queda en la cabeza tu mundo gira entorno a esa idea. Cuando eres niño creces entorno a héroes, Superman, Spider-man, Hercules, el príncipe azul, los Power Ranger,… Gente que lucha por los débiles de forma altruista. Pero al crecer descubres que eso no existe. Que la gente no lucha por nada, si necesitas algo tienes que pagar por ello o si necesitas que alguien te defienda muy difícilmente encontraras a algún buen samaritano que haga algo más que mirarte, si llega a eso, o grabarte con el móvil. Por eso en mi cabeza se centraba la idea de convertirme en el altruista, el héroe, ocultar mi rostro y luchar.
Llevo años viendo como el caos, la violencia, las drogas y el alcohol se apoderan de la justicia y el sentido del deber.
Poco a poco fui formando al héroe. Primero el entrenamiento, si quería ganar debía ser el mejor. Pesas, futing, artes marciales, primeros auxilios, electrónica, química, física,… Todo aquello que pudiera serme útil para mi propósito, necesitaba estar al máximo y poco a poco lo conseguí.
Mi genética ayuda, soy grande y fuerte pero no lo suficiente, necesitaba ser un autentico atleta y con los meses lo conseguí aunque no fue fácil. Con entrenamiento estudios y trabajo apenas tenía unas pocas horas para relajarme y pensar en mi mismo. Lo mejor es que incluso en esos breves momentos de paz solo podía pensar en que necesitaba para seguir adelante.
 Pocos meses después de comenzar con esto la necesidad de salir por primera vez me mataba por dentro, si, era la hora, lo necesitaba, solo para saber que podía hacerlo. A estas alturas ya tenía mi traje y mi imagen, perno no un nombre. El traje era sencillo, no disponía de técnica para mejorar mi equipamiento, apenas discos caseros hechos con chapa reciclada, cuerda, y polvos hechos de plantas pica pica, la verdad toda resultaba ridículo, pero parecía útil. El traje era negro con pasamontañas cosido a mano, guantes de cuero, botas y un cinturón modificado con bolsillos para el equipo. Una vez listo al verme en el espejo me vi ridículo y casi no salgo de casa pero la emoción me lanzó a la calle por la ventana de mi casa, salté al árbol cercano y descendí dos pisos por una cuerda que ocultaría con un mecanismo que la subía con un cable fino y casi invisible de pesca.
El Reloj del poste de publicidad rezaba las 2:13, en pleno diciembre y con casi -2ªC, Por suerte aproveche la oferta de camisetas térmicas un pantalón de esquí negro que había en una tienda en internet.
El frió me lleno los pulmones casi quemándolos y gracias al entrenamiento y lo que leí aprendí la importancia de calentar y mantener la temperatura en cuello y garganta y cerrar la entrada de aire para no respirar el aire frio directamente. Corrí por la calle y llegue al cruce de mi calle con el cuerpo listo para lo que se presentase.
Era viernes y sabía dónde podría encontrar problemas, zonas de marcha, parques apartados de casas y pubs con mala reputación, el Tuenti me ayudo a encontrarlas zonas y hacer un mapa.
Hoy iba al sur del punto de partida, la zona industrial, un foco de pandas y ladrones que requería que al menos la reconociera. El camino fue tranquilo apenas algunos jóvenes borrachos y alguna familia que volvía de visitar algún familiar por las fiestas. Las luces entorpecían mi trabajo de ocultarme pero a la vez creaban distracción y puntos de sombra más marcados por donde moverme.
Tras subir una cuesta vacía cerca de unos edificios a carrera ligera un grito y un sonido de cristal roto me paró y vi en la perpendicular a la calle otra más pequeña donde había una tienda de alimentación con cosas tiradas que salían de la tienda.  Me acerque y me coloqué pegado al lateral derecho en la pared, muy típico sí, me asome y pude ver a tres hombres, metro ochenta, fuertes y con bates, gamberros. Habían roto el mostrador y el dueño estaba de pie contra los estantes del fondo. Intenté pensar rápido, espectacular con entrada a la vista y rápida actuación. Poco útil aun. Entrada sigilosa me pongo detrás y acabo uno a uno. Si era la mejor idea.  Cuando me dispuse a entrar vi algo que me bloque por completo, uno llevaba pistola y estaba nervioso, peligroso y útil, me centre, en eso, si estaba nervioso no le gustaría algo de oscuridad. Un fluorescente en mitad del techo y apenas luz exterior, perfecta.
Tire un disco a la luz y salto en pedazos. Le cayeron a uno encima que recibió algunos cortes y se quedo en el suelo tirado quitándose cristales, los otros dos actuaron rápido el de la pistola apuntó a la puerta pero yo ya estaba dentro detrás de ellos. La tienda estaba dividida en dos por un estante metálico, en la parte derecha, cerca de la puerta, el mostrador en la pared opuesta a donde estaba yo. Me coloqué tras el estante y esperé a ve la reacción. Los dos comenzaron a mosquearse y se separaron, uno fue por el de la derecha y el otro por la izquierda, se juntaron en donde yo estaba pero pude colgarme de una tubería del techo.
El del arma volvió por el pasillo del que había venido y el otro también, bajé y noquee al del bate, me coloqué detrás, le quite el bate y le deje seco de un golpe. Comprobé que respiraba y tenía pulso, y volví al fondo de la tienda. El de la pistola vio el cuerpo de su compañero y fue hacia él. Le dio un par de tortas y no reaccionaba, durante un momento miro hacia la sobra donde estaba oculto, luego salió corriendo por la puerta y salí detrás de él.
Era una trampa, esperó a que saliera y me dio un culatazo en la cabeza, apenas me dio tiempo a protegerme y caí al suelo mareado, me centre y vi al tío apuntándome a la cabeza gritándome y pegándome alguna patada.
Volvía a centrarme y olvidarme del golpe, difícil pero pude hacerlo. Esto era mi fin y no podía remediarlo, el arma iba de un lado al otro y se paraba en mi cabeza. Pensé algo rápido, cogi un disco y lo tiré disimuladamente hacía el fondo de la calle se giró y aproveche para patearle el arma, me levante y le noquee de un puñetazo directo.
Todo estaba controlado por fin y solo quedaba uno que salió corriendo al verme, perfecto, publicidad. Cogí el dinero que llevaba en el bolsillo, descargué la pistola y la tiré a la alcantarilla. Entre en la tienda, le quite el dinero al otro tío y se lo di todo el dueño que estaba agazapado tras el mostrador, Modulé mi voz y dije, “Úsalo para pagar la reparación, llama a la policía y di que me has visto, ahora esta ciudad es mía” y salí de la tienda andando hasta la puerta, después corrí hasta llegar a casa, subí por el árbol y agotado, temblando y sudando tire la ropa sobre la silla de mi cuarto y me tumbé en la cama.  Dormí hasta la hora de ir a trabajar y me desperté pensando si había pasado o era un sueño. Abrí los ojos y vi el traje, la máscara me miraba y me corroboraba que había pasado, me reí pensando que casi muero y que me había encantado esa sensación.